• La depresión puede incrementar peligrosamente la adiposidad abdominal.
    En un trabajo publicado por Vogelzangs y otros colegas, en "Archives of General Psychiatry, 2008:65(12), 1386-1393", plantean que la obesidad y el aumento de peso tienen indudable vinculación con la depresión. Por otra parte actualmente se demostró que la depresión incrementa la adiposidad abdominal. Estos investigadores estudiaron durante 5 años a más de 2.000 pacientes entre 70 y 79 años de edad con evaluaciones pre y postestudio, procurando correlacionar la obesidad general con la obesidad abdominal, tomando también en cuenta otros factores como el estilo de vida del individuo, historia de la enfermedad, y otras informaciones que pudieran ser relevantes para este estudio.
    No encontraron una relación causal directa con la depresión, pero sí que había una significativa relación entre obesidad abdominal y depresión, tal vez por el tipo de vida no saludable que suelen llevar estos pacientes, como: tabaquismo, uso de alcohol, sedentarismo y otras enfermedades.
    En estudios previos habían detectado que un 10 a 15% de esa población, presentaba síntomas depresivos relevantes, y en función de estos estudios advierten a la población médica: "que se debe estar alerta con personas con sintomatología depresiva, porque son propensos a incrementar la grasa abdominal, con los consecuentes aumentos de riesgos a nivel cardiaco".
    Al respecto recomiendan monitorear cuidadosamente el "status metabólico" de las personas "mayores" que padecen sintomatología depresiva, pues estos pacientes tienen el doble de riesgo de desarrollar adiposidad abdominal que los que no presentan sintomatología depresiva.
    Algo más, el tipo de pacientes estudiados a pesar del aumento de la "grasa visceral" no presentan obesidad generalizada; hecho que exige una explicación biológica, afirman Vogelzangs y colegas.

  • Enfermedad de Parkinson y demencia.
    Gary N. Kennedy. N.D, publicó este trabajo en Primary Psychiatry, 2009; 16(4): 19-23, en el cual advierte que el 80% del 1.000.000 de americanos que la padecen, con el avance de los años van a presentar síntomas que denuncian la evolución hacia la demencia.
    Al respecto advierte que a diferencia de los buenos resultados que se registran con los tratamientos de los trastornos motores mediante monofármacos o con asociación de fármacos cuando la evolución de la demencia avanza, solo se puede esperar un alivio temporario, por lo tanto el tratamiento medicamentoso debe ser una opción, no un imperativo a cumplir.
    Se refieren a la indicación de los inhibidores de la colinesterasa, que se pueden indicar –a prueba- especialmente "cuando los pacientes experimentan alucinaciones", que son "cuatro veces mas frecuentes" que en las otras demencias. Se refieren especialmente a los cuadros de "Alzheimer" y "Lewy body disease", señalando además que en esta última así como en la "Enfermedad de Parkinson", los trastornos motores preceden al deterioro cognitivo, a diferencia de la "Enfermedad de Alzheimer " que comienza a evidenciarse con trastornos cognitivos: afasia, apraxia, agnosia, disfunciones ejecutivas, etc.